Te levantas, subes la persiana y ahí está: el cristal chorreando, un charquito en el carril y una sombra negra asomando en la junta. Antes de dar tus ventanas por perdidas, respira. La condensación tiene una explicación física muy sencilla y muchas veces se arregla sin obra. Otras veces sí es la ventana la que pide el relevo. Vamos a ver cómo distinguirlo.
El aire de casa siempre lleva vapor de agua. Cuando ese aire templado toca una superficie fría, se enfría y ya no puede retener toda la humedad: el vapor se convierte en gotas. La temperatura a la que ocurre se llama punto de rocío.
Un ejemplo: con el salón a 20 °C y un 60 % de humedad relativa, el punto de rocío ronda los 12 °C. Si la cara interior del cristal o del marco baja de esa temperatura, aparece el agua. Por eso pasa sobre todo al amanecer, después de una noche fría y de horas respirando con todo cerrado.
En la costa de Alicante hay un factor extra: la humedad ambiental es alta casi todo el año. Los inviernos son suaves, pero el aire viene tan cargado que no hace falta un frío polar para ver los cristales empañados.
Fíjate en dónde se forma, porque es el mejor diagnóstico que puedes hacer sin herramientas.
Una familia de cuatro personas genera varios litros de vapor al día sin darse cuenta. Los sospechosos habituales: cocinar sin tapa ni extractor, duchas largas con la puerta abierta, tender la ropa dentro, dormir con el dormitorio cerrado y las estufas de butano, que liberan vapor al quemar.
Prueba esto durante un par de semanas. Si el problema desaparece, no era la ventana.
La condensación puntual no es grave. El problema es cuando se repite a diario: el agua empapa juntas y carriles, la silicona se ennegrece y el moho salta a la pared. Si ya tienes manchas, límpialas con lejía diluida o un producto antimoho, con guantes y ventilando. Y ataca la causa, o volverán.
Si has controlado humedad y ventilación y el agua sigue ahí, la ventana se ha quedado corta. Las señales:
Un perfil de PVC multicámara o de aluminio con rotura de puente térmico, con vidrio bajo emisivo y separador de borde cálido, mantiene la cara interior cerca de la temperatura de la habitación. Si esa superficie no baja del punto de rocío, la condensación desaparece.
Ojo: una ventana nueva y hermética hace que la casa deje de «respirar» por las rendijas. Después del cambio hay que mantener la rutina de ventilación o valorar la microventilación integrada en el herraje.
Que tus ventanas suden no siempre significa que haya que cambiarlas. Mira dónde aparece el agua, mide la humedad y ajusta la ventilación. Si con eso no basta, el problema está en el vidrio o en el perfil, y ahí sí merece la pena que un técnico lo revise. En Replus te diremos con sinceridad si tu ventana tiene arreglo o necesita un relevo.